miércoles, 25 de enero de 2012

Las reinas del ful

"En Las Vegas no hay black jack,
solo se juega al cinquillo"


Los Nikis, El imperio contraataca





Sheldon Adelson no sé podía creer la suerte que le había deparado la mano invisible del crupier. Como todas las manos invisibles, el crupier tiene nombre, apellidos, domicilio y probablemente varias taras mentales no diagnosticadas. Las cartas en su mano eran ser el as y el rey de diamantes. Que las cartas fueran falsas, pintadas sobre el hijo chino y el Salga de la cárcel, parece no importar, probablemente porque mientras se sentaba a la mesa de póker seguía jugando al Monopoly. Y porque sabía que jugaba allí donde solo gana la banca.

La paciencia es una de las grandes virtudes de los jugadores de póker. La avaricia desmedida, por sorprendente que pueda parecer, no ayuda. En anteriores manos de, vamos a llamarlo, la misma manga, se le piró el mezclar juegos de cartas e intentó sacar el maná de las tierras baldías de Los Monegros, con un sueño loco de fuentes, canales, neones y canales con fuentes y neones. El sueño sigue siendo igual de loco, pero es su apuesta y hasta que alguien le saque de la mesa (no pasa nada, ya se habrá llevado un buen pot), va a seguir jugándosela.

Como no necesita poner cara de póker, recibió el Flop haciendo palmitas con las orejas. Ese crupier demente le había puesto en la mesa a las reinas de picas y bastos (los tréboles, cuando tienen que crecer entre tanta polución, recuperan su etimología de garrote de madera). El tercero era esa carta con un bufón pintado, el comodín gallego, ese que no va a hacer nada por cambiar el signo de la jugada, sea cual sea. Esta curiosa combinación de cartas tiene varios efectos: permite a Adelson poner las cartas sobre la mesa, bocarriba, en clara desventaja para el resto de jugadores, cuyos naipes solo pueden ser dispuestos con el culo en pompa

Cuando la partida está así Adelson, que sabe mucho de juegos, se ha metido con todo, all-in. No cree en un Turn que le desvíe de su objetivo y sabe que como se le encauce el River, solo va a llevar agua para arrastrar a sus peones y regar los campos de golf (bien, porque si no no sé de dónde pollas iba a sacar el agua). El Flop ansía que les acaricie con una de esas cartas que lleva en la mano, solo quieren un rey, un as sacado de la manga, les da lo mismo mientras sirva para que en conjunto puedan ofrecerle al ganador tramposo, un completo (o full).

Los cálculos del resto de jugadores dan igual, todos sabemos que salió con el as y el rey de diamantes en la mano y su meta era hacer un royal flush. Lo triste e inconcebible desde la racionalidad que exige este juego es
que lo único que nos salva es que nuestra baraja no quedan diamantes, y así no hay color.

lunes, 23 de enero de 2012

El malestar de la cultura feat. Pitbull

Grunt sale de su cueva una mañana, el bosque ha ardido, un gorrino ha quedado atrapado entre las llamas mientras intentaba poner a buen recaudo su almuerzo: una manzana. Grunt se plantea que, aun con ese aspecto tan desagradable, no estamos tan sobrados como para desperdiciar un gorrino gratis y, con cierto asco, coge un plato de silex, parte el crujiente lechón y se lleva medio jamón a la boca. Grunt se acaba de dar cuenta de dos cosas: hay que inventar el vino y esto hay que compartirlo. Recoge ascuas de entre los restos del bosque en un círculo de piedra e invita a todos los miembros de su tribu a asar sus almuerzos. Sin ese gesto de Grunt, tú hoy no podrías comer un potaje, ni un McDonald's, ni un kebab. Porque la especie humana se habría extinguido muchísimo antes de que su lenguaje pudiese articular "cuidao que ese bicho caducaba ayer".

Grunt podría haberse puesto tonto y haber querido quedarse el secreto para él. No tenemos noticias, pero existen altas probabilidades de que algunos que no fuesen Grunt no quisieran compartir la idea de que unir fuego y comida mola. No lo sabremos jamás, porque probablemente sus ramas de la especie se extinguieron. Las invenciones humanas se han hecho solo un poco más complejas desde entonces. Como entonces, "invención" es una mala traducción de descubrimiento, sobre todo porque una idea individual y aislada poco puede aportar en un mundo donde necesitamos que las ideas se apoyen en otras y, además, las expliquen. Porque el fondo puede ser más complejo, pero la forma que funciona sigue siendo solo una. Y porque de individual y aislada solo tiene la medida que le otorgue la ignorancia de quien la piense así.

El problema es que durante mucho tiempo, ese mundo de ideas abstractas (que no dejan de ser una forma u otra de comprender la realidad) ha estado muy limitadito, porque siempre ha habido gente que no era Grunt y que, aunque se hubiesen dado cuenta de algo que molaba, los muy imbéciles lo querían solo para ellos. Y cuando alguien encontraba una alternativa, ya se preocupaban ellos de aplastarla con el poder adquirido gracias al oligopolio de "la cultura". Los daños causados a lo largo de los siglos por esos egoístas egóticos están siendo muy difíciles de reparar.

Cuando se ve el crecimiento exponencial de la creación humana (así, en general) y como aceleramos en los últimos tiempos, se pretende que todo sea una especie de efecto mágico de algo que ha pasado sin que nos dieramos cuenta. Es, eso sí, algo que ha pasado a pesar de muchos de nosotros, se trata de que cada vez más gente ha tenido acceso a una formación medianamente decente y cada vez mayor. También se recuperan conocimientos que se habían olvidado (¡gracias, egoístas egóticos!) y se han vislumbrado algunos que jamás se podrán recuperar. Llegamos a un momento en que no podíamos conocer todo lo que nos precedió, en que la hiperespecialización nos aislaba de conocimientos que podrían haber sustentado nuestras nuevas ideas de una forma más sólida y correcta. Es algo que hacemos de forma inconsciente (y a menos que seas metafísico, está bien así), pero, igual que con otros fenómenos inconscientes, como respirar, tenemos que empezar a valorarlo en su justa medida.

Ahora es imposible dar marcha atrás. Ahora es imposible olvidar lo que la especie ha aprendido, lo que nuestras sociedades han construido sobre ello, lo que nosotros, mañana, deberíamos desplazar para sustituirlo con nuevas fórmulas. Y eso debería ser así para todos. Limitar los recursos culturales disponibles (aunque es cierto que serviría para aumentar el interés), limita nuestras posibilidades de sobrevivir al futuro. Dejarlo en manos solo de quienes se lo pueden permitir económicamente (no hablo de personas, sino de sociedades) significa que no se harán avances porque "estamos tan agustito". Y acabar haciendo cánon de la limitación, es un error inaceptable.

Por eso, e inscribiendo como dependiente de esta necesidad humana y no al revés el debate sobre la adecuada remuneración a quien trabaje "creando" o "produciendo" cultura, investigación, arte o simplemente nuevas formas de empanar las croquetas, hay que encontrar una alternativa a las limitaciones materiales de reproducción cultural (la limitación está), a la saturación de subproductos involutivos (solo para detectarlos, no hay duda sobre que los errores del hoy pueden ser la salvación del mañana) y a la necesidad de que los sectores sociales con menos recursos puedan acceder a la fórmula del guano igual que a la discografía de Led Zeppelin, porque sus necesidades son distintas que las de los sectores con más recursos y, por lo tanto, el aprovechamiento será distinto también. Si perdemos eso, olvidémonos de arte nuevo, olvidémonos de ideas sublimes. Solo nos quedarán las fórmulas de guano (feat. Pitbull).